Soil not oil, experiences from Agroecology in Cuba
Leidy Casimiro Rodrgíguez
(English Below)
La Revolución Cubana, desde sus inicios apostó por un modelo agroindustrial convencional, lo que disoció la relación entre la agricultura y su contexto socioecológico. Esto generó procesos de insostenibilidad y fuertes procesos migratorios rurales, que disminuyeron en más de la mitad las áreas en propiedad de la agricultura campesina y revirtieron la matriz donde antes existían 4 personas en el campo por una en la ciudad a lo contrario, 4 personas en la ciudad por cada campesino.
A raíz del Período Especial en los años 90 del pasado siglo, Cuba perdió más del 85% de sus mercados prioritarios, desapareció la URSS y se recrudeció el bloqueo económico implantado por los EEUU, esto puso en evidencia la frajilidad del sistema agroalimentario cubano, que bajo el enfoque convencional era totalmente dependiente de insumos externos, había deteriorado la cultura campesina y los suelos agrícolas, pero fue también una oportunidad y hubo un proceso de cambio en la agricultura cubana como consecuencia de la necesidad del autoabastecimiento de alimentos en el país y surgieron importantes movimientos en torno al desarrollo agroecológico en familias de agricultores, programas como el Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino de la ANAP, el Programa de Agricultura Urbana y Suburbana y muchos proyectos de colaboración internacional relacionados con la desertificación y la sequía, la conservación de suelos y el rescate de su capacidad productiva, la producción local de alimentos, la diversidad y semillas, entre otros.
Con el desarrollo de la agricultura familiar campesina sobre bases agroecológicas, el país consiguió sostener el primer golpe de la crisis. Pues aun contando los campesinos con el menor porcentaje de la superficie agrícola del país, contribuyeron a la recuperación del sector y a la alimentación de la población con recursos endógenos.
Sin embargo, el enfoque ha estado desde entonces marcado por la sustitución de insumos ante la imposibilidad de importarlos y no para el desarrollo de la agroecología como modelo integral, estando la preferencia política y sociocultural en el modelo de la agricultura convencional, que teniendo espacios de apoyo institucional a partir de programas nacionales para la producción de diferentes alimentos, la sustitución de importaciones y la exportación, sigue teniendo el espacio más significativo en el modelo agrícola cubano.
Hoy, la crisis de la pandemia revela nuevamente escenarios de crisis extremas, pero también presenta para Cuba oportunidades estratégicas para concebir y materializar de una vez por todas un sistema agroalimentario resiliente sobre bases campesinas, inclusivo, ambientalmente ético, económicamente viable y socialmente inspirador, bajo el enfoque agroecológico.
Se enfrenta a las problemáticas históricas de dependencia de insumos y de alimentos, importa alrededor del 60% de la disponibilidad de alimentos según datos oficiales, con una inversión de alrededor de 2 mil millones de dolares al año, y muchas de las producciones en el país tambiém dependen de insumos externos.
La población rural envejecida, pérdida de tradiciones y oficios rurales, un desinterés creciente en la juventud para asumir proyectos de vida en el campo, la presencia de fenómenos climáticos extremos, fuertes tormentas locales, huracanes de alta categoría, períodos de extensas sequías, además de mecanismos ineficientes para la transportación, distribución y comercialización de alimentos, desperdiciándose más del 30% de lo que se produce en el país.
Devido a las malas prácticas agrícolas y al uso de paquetes tecnológicos convencionales agresivos en la búsqueda de la productividad a corto plazo por encima de la sustentabilidad medioambiental, la degradación de los suelos en Cuba afecta a más del 76% de la superficie agrícola (CPP, 2014).
Y en este sentido, si la importancia de la recuperación de la salud de los suelos, no se enfoca transversalmente en todas las políticas agropecuarias del país, las consecuencias derivadas y continuadas del mal uso del recurso irán siendo cada vez más críticas para la resiliencia socioecológica.
Donde se destaca que muchos problemas relacionados con la salud de las personas están relacionados a la falta de nutrientes en los cultivos por suelos degradados, desmineralizados, mal manejados, pobres en nutrientes. Como bien expresaba Ana Primavessi “no se pueden introducir métodos de producción agrícola desconectados del suelo y de la salud humana porque en la naturaleza todo está interrelacionado”.
Sin embargo, para la construcción de un nuevo sistema alimentario sobre bases agroecológicas, Cuba cuenta con experiencias y faros agroecológicos válidos en principios y bases metodológicas para una transición efectiva y el escalonamiento de la agroecología, si es respaldada por políticas públicas coherentes.
Para producciones de granos como el frijol, maíz y arroz, existen suficientes variedades y alternativas tecnológicas y se han desarrollado varios biofertilizantes y estimuladores naturales del crecimiento y el desarrollo de las plantas.
En pastos, se han estudiado más de 2 mil especies, sobre todo variedades diferentes de gramíneas (1921), de leguminosas (881) y de especies herbáceas y arbóreas (285) para fomentar los Sistemas Silvopastoriles.
Hay avances en la utilización de plantas proteicas. Se trabaja en la extensión de tres especies importantes por su aporte de proteínas y otros nutrientes para la alimentación de diferentes especies de animales (Morera, Moringa y Tithonia) y se recuperan plantas de producción de alimentos locales donde se utilizan subproductos de industrias, forrajes y especies proteicas.
La producción artesanal y aplicación de microorganismos eficientes ha tenido notables impactos en el incremento y calidad de varias producciones, en la salud animal.
Las experiencias en la producción de papa agroecológica en fincas campesinas han dado un rendimiento entre 15 y 26 toneladas por hectárea según características de suelo y variedades disponibles, lo cual evidencia la posibilidad de desarrollar de esta forma este cultivo, que hasta ahora se ha desarrollado en el país bajo un intenso paquete tecnológico convencional. Además la calidad de los tubérculos en cuanto al contenido de materia seca y durabilidad en los anaqueles es superior a la papa cultivada bajo el modelo convencional.
Existe el gran potencial de la agricultura familiar cubana, que con menos del 30 % de las tierras y el 20% de los recursos produce en el país más del 75% de los alimentos cubanos.
En varios estudios realizados, la agricultura campesina que desarrolla en sus sistemas diseños y princios agroecológicos es capaz de generar una diversidad productiva con alta eficiencia en el índice de utilización de la tierra mayor como promedio a 1,5, estableciendo cierre de ciclos en el uso de nutrientes y autogestionando gran parte de su energía y biofertilizantes.
Estas familias producen como promedio para 8 personas por hectárea al año en energía y proteína, por lo que en 2 millones de tierras agrícolas (el 30% de las tierras agrícolas en Cuba) manejadas por familias campesinas bajo el enfoque agroecológico, se podrían producir suficientes alimentos de calidad para abastecer al total de la población cubana y a la población flotante.
En varias fincas campesinas existen innovaciones tecnológicas que dan respuestas a problemáticas puntuales del campesinado cubano, como en la Finca del Medio, que se validó una herramienta para la tracción animal que es capaz de realizar más de 28 labores diferentes a los cultivos, ajustable a diferentes marcos de siembra, humanizando el trabajo animal por poder recorrer en menor tiempo mayor espacio de cultivo en la mayoría de sus labores, posibilitando además por su versatilidad el laboreo mínimo, la incorporación de residuos de cosecha y ventajas económicas en su uso al sustituir por ejemplo en labores de desyerbe en campos de frijol, maíz o arroz, el trabajo de 66 hombres en una jornada de 8 horas.
Citando otro ejemplo, el proyecto BIOMAS Cuba ha incidido en la gestión de financiamiento y la colaboración internacional para validar propuestas en el uso de la biomasa como fuente renovable de energía en el medio rural cubano.
Ha apoyado la capacitación y participación campesina en la concepción de estrategias y diseños para la transición agroecológica, en la mejora de infraestructuras de riego y para agregar valor a las producciones campesinas, que por esta vía han incrementado la diversidad de sus producciones y han ampliado su portafolio de productos beneficiados y tramsformados, por ejemplo en el procesamiento de concentrados para alimento animal con los recursos de las fincas, procesamiento y almacenación sin aditivos de pulpas de frutas, de condimentos, extracción de aceites comestibles, un autoabastecimiento alimentario de más del 80% y en energía, como promedio, superior al 50%.
Ha posibilitado la construcción de más de 200 biodigestores en fincas campesinas, las cuales han disminuído en un 60% el consumo energético de sus viviendas, elevado su eficiencia energética en más de 5 MJ producidos por MJ insumido y potenciando una cultura en el aprovechamiento de residuales para la obtención de bioabonos como fertilizantes para los cultivos. Se ahorran 280 MW.h al año utilizando FRE en los escenarios del proyecto y se dejaron de emitir en 2019, 234 311 T de CO2 equivalente por este concepto. Además por el uso de efluentes sólidos y líquidos de los diferentes biodigestores fueron producidas y usadas en 2019 más de 15,000 t de bioabonos para sustituir agroquímicos.
Si la 4ta parte de las fincas campesinas en Cuba tuvieran un pequeño biodigestor de 20 metros cúbicos de capacidad de digestión, como el promedio de estas fincas beneficiadas por el proyecto BIOMAS, por concepto de ahorro energético y autoabastecimiento familiar Cuba estaría dejando de otorgar en subsidios más de 128 millones de dolares al año, esta suma se podría reasignar para beneficiar la construcción en fincas de 85 858 nuevos biodigestores (1500.00 USD/biodigestor) o la instalación de 36 796 molinos de viento (3500.00 USD/molino), donde cada año se irían incrementando los beneficios en ahorro de energía y la posibilidad de seguir apoyando a la agricultura campesina sin necesidad de destinar nuevos presupuestos para ello. Esto demuestra que incluso la agroecología no demanda directamente inversiones, sino estratégicamente reasignar recursos que hoy se usan en modelos insostenibles.
Además con la posibilidad, como lo ha materializado el proyecto en diferentes comunidades rurales, de implementar redes de distribución de biogas que en el municipio de Cabaiguán por ejemplo donde existen cuatro redes beneficiando 622 personas y ahorrando 154 MWh/año de energía eléctrica como promedio.
A una escala mayor en la industria, se han establecido diseños para el manejo de los residuos porcinos y la obtención de biogás y abonos orgánicos a partir de la construcción de lagunas tapadas con geomembranas plásticas, disminuyendo la carga contaminante, como en este ejemplo a la red nacional, 1,5 MWh/ día.
Con la tecnología de la gasificación en la industria arrocera, se ha instalado por Biomas un gasificador en el minicipio Calimete, que permite ahorrar 700 litros de diésel por día, pues el gás de síntesis producido por la cáscara del arroz sustituye el diésel que se utilizaba para el secado del arroz y como subproducto se obtiene biocarbón para usar como fertilizante natural y mejorador de los suelos.
Con la concepción de la producción integrada de alimentos y energía se han recampesinado espacios desactivados por la agricultura industrial, favoreciendo la producción de cultivos intercalados con la jatropha curcas para la obtención del biodiésel necesario para autobastecer los sistemas de riego y la maquinaria que demande el combustible en un cliclo cerrado y de soberanía energética local de esos nuevos espacios agrícolas.
Cerrando otros ciclos, la torta de la jatropha se hacen estudios para ser usada como alimento animal y del aceite también se están obteniendo jabones artesanales para poblaciones cercanas a donde se produce.
Con todos estos elementos, y la historia lo ha demostrado, la agricultura familiar campesina es la alternativa eficaz para el salto de la agroecología en Cuba a escalas mayores, las buenas noticias es que aun queda una semilla que puede fertilizarse con familias campesinas, que aunque viven en la ciudad, anhelan regresar al campo y pueden prestigiar el movimiento agroecológico, pero se requiere institucionalizar la Agroecología en Cuba, y ofrecer a través de políticas públicas oportunidades reales de crecimiento espiritual y económico a estas familias.
En este camino, en 2020, ya se aprobó el Plan Nacional de Soberanía Alimentaria y Nutricional con el apoyo de la FAO y la participación de 12 ministerios cubanos, donde se definió para Cuba el concepto de Soberanía Alimentaria y cuatro ejes prioritarios para la implementación del plan que será un proceso de construcción y materialización de sistemas alimentarios locales resilientes, con amplia participación social y campesina.
También por desición del Ministerio de la Agricultura se creó un grupo de trabajo temporal donde un grupo de expertos y actores vinculados al desarrollo agropecuario en el país estamos en la tarea de proponer una nueva política pública para la agroecología en Cuba.
Considero que estas políticas deben estar orientadas, entre otros elementos, a mejorar los niveles de vida de las comunidades campesinas, a establecer sistemas de precios justos a los agricultores, a facilitar servicios técnicos y la disponibilidad y acceso a tecnologías apropiadas para el uso de las fuentes renovables de energía, que permitan además a las familias agregar valor a sus producciones y comercializar de forma directa lo más cercano a donde se producen, con el enfoque de que la producción y consumo de alimentos deviene proceso que va «De la tierra a la mesa», lo que presupone el fortalecimiento de las tradiciones agroalimentarias (lo agrícola más la gastronómico), la reducción de la pérdida de alimentos durante este ciclo, un mayor uso de la diversidad alimentaria, el conocimiento de la fuente de alimentos, la actualización de conocimientos en alimentación y nutrición, entre otros aspectos.
Cuba dispone de resultados científicos, conocimiento campesino enriquecido con el diálogo de saberes, experiencias prácticas y voluntad política para propiciar el desarrollo de la agroecología como ciencia, como práctica y como sistema de participación social con alto impacto en la Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional de cubanos y cubanas.
Por último agradecer nuevamente la invitación y el compromiso de seguir luchando por el escalonamiento de la agroecología desde el ejemplo, para Cuba y el mundo.
The Cuban Revolution, from the beginning, opted for a conventional agro-industrial model, which dissociated the relationship between agriculture and its socio-ecological context. This generated unsustainable processes and strong rural migratory processes, which decreased by more than half the areas owned by peasant agriculture and reversed the matrix. Before there were 4 people in the country for one in the city, today 4 people in the city for on peasant.
As a result of the Special Period in the 90s of the last century, Cuba lost more than 85% of its priority markets, the USSR disappeared and the economic blockade introduced by the United States intensified, this highlighted the fragility of the Cuban agri-food system, which Under the conventional approach, it was totally dependent on external inputs, it had deteriorated peasant culture and agricultural soils, but it was also an opportunity and there was a process of change in Cuban agriculture as a consequence of the need for self-sufficiency in food in the country, and important movements around agroecological development in farming families, programs such as the Agroecological Movement from Campesino to Campesino of ANAP, the Urban and Suburban Agriculture Program and many international collaboration projects related to desertification and drought, soil conservation and the rescue of its productive capacity, the local production of foods, diversity and seeds, among others.
With the development of peasant family agriculture on an agroecological basis, the country managed to sustain the first blow of the crisis. Even with the peasants having the lowest percentage of the country's agricultural area, they contributed to the recovery of the sector and to feeding the population with endogenous resources.
However, the approach has since been marked by the substitution of inputs due to the impossibility of importing them and not for the development of agroecology as an integral model. The political and sociocultural preference is the conventional model, which has spaces for institutional support based on national programs for the production of different foods.
Today, the pandemic crisis once again reveals extreme crisis scenarios, but it also presents Cuba with strategic opportunities to conceive and materialize once and for all a resilient agri-food system on peasant bases, inclusive, environmentally ethical, economically viable and socially inspiring, under the agroecological approach.
Cuba faces the historical problems of dependence on inputs and food, imports around 60% of the availability of food according to official data, with an investment of around 2 billion dollars a year, and many of the productions in the country also depend on external inputs.
The aging rural population, loss of rural traditions and jobs, a growing disinterest in youth to undertake life projects in the countryside, the presence of extreme weather events, strong local storms, high-category hurricanes, periods of extensive droughts, in addition to inefficient mechanisms for the transportation, distribution and commercialization of food, wasting more than 30% of what is produced in the country.
Due to poor agricultural practices and the use of aggressive conventional technological packages in the search for short-term productivity over environmental sustainability, soil degradation in Cuba affects more than 76% of the agricultural area (CPP, 2014).
And in this sense, if the importance of the recovery of the health of the soils is not focused transversally in all the agricultural policies of the country, the derived and continued consequences of the misuse of the resource will be increasingly critical for socio-ecological resilience.
It is good to note that many problems related to people's health are related to the lack of nutrients in crops due to degraded, demineralized, poorly managed, nutrient-poor soils. As Ana Primavessi well expressed, “you cannot introduce agricultural production methods disconnected from the soil and human health because in nature everything is interrelated”.
However, for the construction of a new food system on agroecological bases, Cuba has experiences and agroecological lighthouses valid in principles and methodological bases for an effective transition and the escalation of agroecology, if it is supported by coherent public policies.
For the production of grains such as beans, corn and rice, there are enough varieties and technological alternatives and various biofertilizers and natural stimulators of plant growth and development have been developed.
In pastures, more than 2,000 species have been studied, especially different varieties of grasses (1921), legumes (881) and herbaceous and arboreal species (285) to promote Silvopastoral Systems.
There are advances in the use of protein plants. Work is being done on the extension of three important species for their contribution of proteins and other nutrients for the feeding of different species of animals (Morera, Moringa and Tithonia) and local food production plants are recovered where by-products of industries, forages and protein species.
The artisan production and application of efficient microorganisms has had notable impacts on the increase and quality of various productions, on animal health.
Experiences in the production of agroecological potatoes in peasant farms have yielded between 15 and 26 tons per hectare according to soil characteristics and available varieties, which shows the possibility of developing this crop in this way, which until now has been developed in the country under an intense conventional technological package. In addition, the quality of the tubers in terms of dry matter content and durability on the shelves is superior to potatoes grown under the conventional model.
There is the great potential of Cuban family agriculture, which with less than 30% of the land and 20% of the resources produces more than 75% of Cuban food in the country.
In several studies carried out, peasant agriculture that develops agroecological designs and principles in its systems is capable of generating a productive diversity with high efficiency in the land use index greater on average than 1.5, establishing the closure of cycles in use of nutrients and self-managing much of its energy and biofertilizers.
These families produce an average of 8 people per hectare per year in energy and protein, so that in 2 million agricultural lands (30% of agricultural lands in Cuba) managed by peasant families under the agroecological approach, enough could be produced quality food to supply the entire Cuban population and the floating population.
In several peasant farms there are technological innovations that provide answers to specific problems of the Cuban peasantry, as in the Finca del Medio, which validated a tool for animal traction that is capable of performing more than 28 different tasks to the crops, adjustable to different planting frames, humanizing animal work by being able to travel in less time greater cultivation space in most of its tasks, also allowing minimum tillage, the incorporation of harvest residues and economic advantages in its use by substituting for example in weeding work in bean, corn or rice fields, the work of 66 men in an 8-hour day.
Citing another example, the BIOMAS Cuba project has influenced the management of financing and international collaboration to validate proposals in the use of biomass as a renewable source of energy in the Cuban rural environment.
It has supported training and peasant participation in the conception of strategies and designs for the agroecological transition, in the improvement of irrigation infrastructures and to add value to peasant productions, which in this way have increased the diversity of their productions and have expanded their portfolio of benefited and processed products, for example in the processing of concentrates for animal feed with the resources of the farms, processing and storage without additives of fruit pulps, condiments, extraction of edible oils, a food self-supply of more than 80% and in energy, on average, greater than 50%.
It has made possible the construction of more than 200 biodigesters in peasant farms, which have reduced the energy consumption of their homes by 60%, increased their energy efficiency by more than 5 MJ produced by MJ consumed and promoting a culture in the use of waste to obtain biofertilizers for crops. 280 MW.h per year are saved using renewable sources of energy in the project scenarios and 234 311 T of CO2 equivalent were stopped emitting in 2019 for this concept. In addition, due to the use of solid and liquid effluents from the different biodigesters, more than 15,000 t of bio-fertilizers were produced and used in 2019 to replace agrochemicals.
If the 4th part of the peasant farms in Cuba had a small biodigester of 20 cubic meters of digestion capacity, as average of these farms benefited by the BIOMAS project, for the concept of energy saving and family self-sufficiency, Cuba would be ceasing to grant subsidies more than 128 million dollars a year, this sum could be reallocated to benefit the construction on farms of 85,858 new biodigesters (1,500.00 USD / biodigester) or the installation of 36,796 windmills (3,500.00 USD / mill), where each year The benefits in energy saving and the possibility of continuing to support peasant agriculture would increase without the need to allocate new budgets for it. This shows that even agroecology does not directly demand investment, but rather the possibility of reallocating resources that are used today in unsustainable models.
In addition to the possibility, as the project has materialized in different rural communities, of implementing biogas distribution networks. In the municipality of Cabaiguán, for example, there are four networks benefiting 622 people and saving 154 MWh / year of electrical energy on average.
On a larger scale in the industry, designs have been established for the management of swine waste and the obtaining of biogas and organic fertilizers from the construction of lagoons covered with plastic geomembranes, reducing the polluting load, and contributing to the national network , as in this example, with 1.5 MWh /day.
With the technology of gasification in the rice industry, Biomas has installed a gasifier in the Calimete municipality, which allows saving 700 liters of diesel per day, since the synthesis gas produced by the rice husk replaces the diesel that was used For the drying of rice and as a by-product, biochar is obtained to use as a natural fertilizer and soil improver.
With the conception of integrated food and energy production, spaces deactivated by industrial agriculture have been re-cultivated, favoring the production of intercropped crops with jatropha curcas to obtain the biodiesel necessary to self-supply irrigation systems and the machinery that requires fuel, in a closed loop for local energy sovereignty of these new agricultural spaces.
Closing other cycles, the jatropha cake is being studied to be used as animal food and from the oil, artisan soaps are also being obtained for populations close to where it is produced.
With all these elements, and history has shown it, peasant family farming is the effective alternative for the leap of agroecology in Cuba on a larger scale, the good news is that there is still a seed that can be fertilized with peasant families, which although They live in the city, they yearn to return to the countryside and they can give prestige to the agroecological movement, but it is necessary to institutionalize Agroecology in Cuba, and to offer these families real opportunities for spiritual and economic growth through public policies.
Along this path, in 2020, the National Plan for Food and Nutritional Sovereignty was already approved with the support of FAO and the participation of 12 Cuban ministries, where the concept of Food Sovereignty and four priority axes for the implementation of the plan that will be a process of construction and materialization of resilient local food systems, with broad social and peasant participation.
Also by decision of the Ministry of Agriculture, a temporary working group was created where a group of experts and actors linked to agricultural development in the country are in the task of proposing a new public policy for agroecology in Cuba.
I believe that these policies should be aimed, among other elements, at improving the living standards of peasant communities, establishing fair price systems for farmers, facilitating technical services and the availability and access to appropriate technologies for the use of renewable sources of energy, contribute so that families can add value to their productions and commercialize them directly close to where they are produced, with the focus that the production and consumption of food is a process that goes «From the land to the table ”, which presupposes the strengthening of agricultural and food traditions (agriculture plus gastronomy), reduction of food loss during this cycle, greater use of food diversity, knowledge of the food source, updating of knowledge in food and nutrition, among other aspects.
Cuba has scientific results, peasant knowledge enriched with the dialogue of knowledge, practical experiences and political will to promote the development of agroecology as a science, as a practice and as a system of social participation with a high impact on Food Sovereignty and Nutritional Education of Cubans.
Finally, thank again for the invitation and reaffirm the commitment to continue fighting for the escalation of agroecology from the example, for Cuba and the world.
Thank you very much

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